📖 El Tesoro de Lucía
Instrucción para los alumnos:
1. Lee con mucha atención el cuento "El Tesoro de Lucía".
2. Resuelve el cuestionario interactivo de la parte de abajo tocando la respuesta que creas correcta.
3. Enseguida, copia en tu libreta de Ética, Naturaleza y Sociedades (ENS) cada pregunta junto con su respuesta correcta.
Había una vez una niña llamada Lucía, que vivía en un pueblo rodeado de colinas verdes y un río de aguas cantarinas. Lucía era alegre y curiosa, y su mayor pasatiempo era buscar tesoros escondidos. Pero no tesoros de monedas de oro, no. A ella le gustaba encontrar tesoros especiales: una flor de cuatro pétalos, una pluma de pájaro que había caído del cielo, una piedra con forma de corazón.
Un día, su abuela, una mujer sabia y de ojos brillantes como las estrellas, le dio un mapa un poco extraño. No tenía caminos ni cruces, solo un dibujo del cuerpo de Lucía con una flecha que apuntaba a su corazón.
"Lucía", le dijo la abuela con una sonrisa, "este es el mapa del tesoro más grande que jamás encontrarás. Es el mapa de tu propio cuerpo. Y el tesoro que guarda no es oro, sino algo mucho más valioso: tu bienestar".
Lucía no entendía muy bien, pero guardó el mapa con cuidado. A partir de ese día, cada vez que jugaba o exploraba, recordaba las palabras de su abuela. Se dio cuenta de que su cuerpo era como un templo sagrado.
Su cuerpo era el lugar donde vivían sus risas, sus abrazos y sus sueños. Era el lugar que le permitía saltar, correr y sentir el calor del sol en su piel. Entendió que, para que ese tesoro brillara, tenía que cuidarlo con mucho amor.
Aprendió a escuchar a su cuerpo. Si le dolía la barriga, descansaba. Si se sentía triste, hablaba con su mamá o su papá. Si algo no se sentía bien, se alejaba de la situación. Su corazón le decía: "Esto me hace bien" o "Esto no me gusta". Y Lucía aprendió a hacerle caso.
Pero un día, en la escuela, un niño le dijo que su voz era "fea" cuando cantaba. A Lucía se le encogió el corazón. Su tesoro se sintió un poco opacado. Pero entonces, recordó la voz de su abuela y el mapa. El mapa decía que ella era la guardiana de su tesoro. Y que nadie, nadie, podía hacerle daño con palabras. Así que se alejó de ese niño y le contó a su maestra cómo se sentía. La maestra le explicó que cada persona es especial y que nadie tiene el derecho de hacer sentir mal a otra.
Otro día, un primo mayor, queriendo jugar rudo, le dio un empujón que la hizo caer. El susto fue grande y el enojo también. Lucía, recordando el mapa, se dio cuenta de que su cuerpo le estaba diciendo: "¡Cuidado! Esto no está bien". Con toda su valentía, le dijo: "No me empujes. No me gusta que me hagas daño". Y se alejó de la situación.
Unas semanas después, en un campamento, un adulto intentó tocarle de una manera que la hizo sentir muy incómoda. Esa sensación fue la señal más clara que su tesoro le podía dar. Su corazón latió fuerte y su cuerpo se puso rígido. Inmediatamente, Lucía recordó que ella era la única dueña de su cuerpo. Nadie, absolutamente nadie, tiene el derecho de tocarte de una manera que te haga sentir mal. Con mucha fuerza, dijo "¡No!" y corrió a buscar ayuda con otra persona en la que confiaba.
Al final de la historia, Lucía se convirtió en la guardiana más valiente de su tesoro. Entendió que su cuerpo y su mente eran su templo, y que ella tenía el poder y el derecho de protegerlos de cualquier cosa que le hiciera daño. Aprendió que decir "No" era una palabra mágica y poderosa, y que hablar con alguien de confianza (como sus papás, un maestro, un tío o cualquier adulto que le dé seguridad) era la mejor herramienta para cuidar su tesoro.
📝 Cuestionario Interactivo
Toca la respuesta correcta. ¡No olvides copiarla en tu libreta de ENS al terminar!