Había una vez, en la biblioteca de la Escuela Primaria Tanganxoan, dos alumnos de quinto grado llamados Leo y Maya. Tenían una misión muy importante: escribir un artículo sobre los ajolotes para publicarlo en internet. Tenían muchos datos interesantes, pero todos estaban escritos en papeles sueltos y desordenados.
De pronto, un antiguo libro con pastas de cuero se abrió por sí solo. De sus páginas saltó un pequeño y sabio búho de papel llamado Tintero.
—¡Hola, estudiantes! —saludó Tintero alegremente—. Veo que tienen mucha información, pero un texto informativo no es solo un montón de palabras juntas. ¡Necesitan construirlo como si fuera una casa paso a paso!
Leo y Maya se acercaron con curiosidad.
—Primero —dijo el búho, sacando un letrero brillante—, necesitan un Título. Es como el nombre en la puerta de su casa; debe ser corto y decirnos exactamente de qué tratará la lectura.
Maya tomó su lápiz y escribió en grande: "El asombroso ajolote mexicano".
—¡Perfecto! —celebró Tintero—. Ahora, abramos la puerta. Para eso usamos la Introducción. Es el primer párrafo, donde saludan al lector, presentan el tema de forma general y lo invitan a pasar para que se interese en leer más.
Leo redactó un párrafo explicando qué era un ajolote y por qué era tan especial para la naturaleza.
—Ahora viene la sala principal, la parte más grande de nuestra casa: el Desarrollo —continuó el búho, extendiendo un largo rollo de papel—. Aquí pondrán todos los detalles, características y datos curiosos. Pero cuidado, para no amontonar los muebles, usen subtítulos para organizar la información en pequeños grupos, como "Alimentación" o "Hábitat".
Los niños ordenaron rápidamente todas sus notas siguiendo el consejo.
—Ya casi terminamos —dijo Tintero, sacando una pequeña llave dorada—. Para cerrar la puerta y despedir a sus invitados, necesitan la Conclusión. Es el párrafo final donde hacen un breve resumen de lo más importante o dejan un dato que haga pensar al lector.
Maya escribió una bonita despedida sobre la importancia de mantener limpios los lagos para proteger al ajolote.
—¡Falta un último toque mágico! —exclamó Tintero, esparciendo polvo brillante que se transformó en hermosas fotografías de la naturaleza—. Los Elementos Gráficos. Las imágenes, mapas o gráficas son como las ventanas de nuestra casa; ayudan a que todo se vea más claro y comprensible.
Leo y Maya pegaron las fotos, y de inmediato, su texto brilló con luz propia. Gracias a Tintero, habían construido el texto informativo perfecto.
Lee con atención cada pregunta sobre el cuento y elige la respuesta correcta.