Ilustración: El pequeño pastor de Guelatao
Representación artística digital del pequeño Benito en San Pablo Guelatao.
Hace muchos años, en lo alto de las montañas del estado de Oaxaca, existía un pequeño y hermoso pueblo llamado San Pablo Guelatao. Este lugar estaba rodeado de un bosque verde, lleno de árboles enormes, canto de aves y aire puro. En el centro del pueblo, brillaba un lago de aguas cristalinas que reflejaba el cielo como si fuera un espejo gigante.
En ese tranquilo lugar nació un niño zapoteco llamado Benito. Lamentablemente, cuando Benito tenía tan solo tres años, se quedó huérfano y tuvo que irse a vivir con su tío Bernardino. En aquel entonces, Benito no hablaba español, su lengua materna era el zapoteco, el idioma de sus antepasados.
Todos los días, desde muy temprano, Benito llevaba a las ovejas de su tío a pastar cerca del lago. Mientras los animalitos comían, él se sentaba bajo la sombra de los árboles a observar la naturaleza. A veces tocaba una pequeña flauta de carrizo. Aunque era un niño humilde y su vida consistía en trabajar en el campo, Benito tenía una mente muy curiosa y un sueño que latía fuerte en su corazón: quería aprender a leer y escribir.
En su pequeño pueblo no había escuelas, y su tío, aunque era bueno, apenas podía enseñarle unas cuantas palabras en español. Un día, con tan solo 12 años, Benito comprendió que si se quedaba en Guelatao, nunca lograría su sueño. Así que tomó la decisión más valiente de su vida: despidió a sus queridas ovejas, miró por última vez el lago de su infancia y comenzó a caminar.
Caminó por días cruzando montañas y valles hasta llegar a la gran Ciudad de Oaxaca, donde buscó a su hermana mayor que trabajaba en una casa. Allí, como un niño que no sabía leer ni hablar bien el español, comenzó una nueva aventura. Ese pequeño pastor zapoteco estudió tanto y con tanta dedicación, que muchos años después se convertiría en Presidente de México y sería recordado como el Benemérito de las Américas.
Lee con atención cada reto, saca tu lápiz y cuaderno, ¡y demuestra que eres un genio de quinto grado!
La familia de Diego está comprando las cosas para el altar. Gastaron $125 en papel picado, $240 en pan de muerto, $185 en calaveritas de azúcar y $350 en flores de cempasúchil.
¿Cuánto dinero gastaron en total para su ofrenda?
Doña Carmen preparó una gran olla con 850 tamales oaxaqueños para vender el fin de semana. Si el sábado por la mañana logró vender 575 tamales...
¿Cuántos tamales le faltan por vender?
Para celebrar el cumpleaños del abuelo, la familia pidió 45 órdenes de tacos al pastor. Si cada orden de tacos cuesta $68 pesos...
¿Cuánto dinero pagarán en total por toda la cena?
Los vecinos de la cuadra compraron 1,250 dulces surtidos para hacer los aguinaldos de la posada. Si en cada bolsita van a meter exactamente 25 dulces...
¿Cuántos aguinaldos (bolsitas) podrán armar?
Tómalos en serio: no corras, no grites, no empujes. ¡Esta práctica entrena tus reflejos para salvar vidas!
Identifica tu entorno. Conoce siempre dónde están las zonas de seguridad y las rutas de evacuación.
No tires basura en las calles o ríos. ¡Mantener limpio nuestro entorno previene graves inundaciones!
Sé empático con los demás. Durante y después de una emergencia, la ayuda mutua es nuestra mayor fuerza.
Descubre las palabras clave del cuento "El temblor que despertó la solidaridad".
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Un cuento sobre el terremoto de 1985 y el poder de la comunidad
La mañana del 19 de septiembre de 1985 parecía una mañana cualquiera en la Ciudad de México. Toño, un niño de diez años, se estaba preparando para ir a la escuela mientras su mamá preparaba el desayuno. De pronto, a las 7:19 a.m., la tierra comenzó a rugir. No era un temblor pequeño; era un gran terremoto. Los vasos cayeron de las mesas, las paredes crujieron y Toño, junto con sus padres, buscó rápidamente un lugar seguro.
Cuando el movimiento finalmente se detuvo, salieron a la calle. El paisaje había cambiado por completo. Una nube de polvo cubría el cielo y muchos edificios altos habían colapsado. La Ciudad de México está construida sobre el lecho de un antiguo lago, lo que hace que el suelo sea muy blando. En esa época, muchas construcciones eran vulnerables porque no contaban con las reglas de seguridad necesarias para resistir un sismo tan fuerte.
Pero en medio del desastre, el miedo y la confusión, ocurrió algo maravilloso: la gente no se quedó de brazos cruzados esperando. Vecinos, estudiantes, amas de casa y trabajadores comenzaron a remover piedras y escombros con sus propias manos para salvar a las personas atrapadas.
Así nacieron los famosos "Topos", voluntarios valientes y ciudadanos comunes que se metían en los huecos más pequeños y peligrosos para rescatar vidas. No importaba quiénes eran ni de dónde venían, todos trabajaban como un solo equipo.
Toño y su familia no se quedaron atrás. Armaron una pequeña estación en la esquina de su calle para ayudar repartiendo agua y comida a los rescatistas. Ese día, México descubrió que su mayor fuerza no estaba en los edificios de concreto, sino en la inmensa solidaridad de su gente.
El terremoto de 1985 dejó una gran lección: los sismos son fenómenos naturales que no podemos evitar ni predecir, pero los desastres sí se pueden prevenir si construimos edificios más fuertes, no habitamos zonas de alto riesgo y si practicamos simulacros constantemente. Hoy, Toño ya es un adulto y siempre le recuerda a sus hijos: "No podemos controlar los movimientos de la tierra, pero sí podemos estar preparados para cuidarnos juntos".
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Copia estas preguntas en tu cuaderno y respóndelas con tus propias palabras:
Copia las siguientes oraciones en tu cuaderno y llénalas con la palabra correcta del banco de palabras.
1. septiembre | 2. blando | 3. vulnerables | 4. escombros | 5. Topos | 6. agua | 7. solidaridad | 8. sismo | 9. prevenir | 10. simulacros
Un cuento sobre fenómenos naturales y nuestra vulnerabilidad
Había una vez, en la hermosa ciudad de Morelia, un grupo de estudiantes de quinto grado de la Escuela Primaria Prof. Rafael Ramírez. Entre ellos estaban Leo y Maya, dos amigos muy curiosos y observadores. Un día de verano, una lluvia torrencial cayó sobre la ciudad. Llovió sin parar durante toda la tarde y parte de la noche.
Al día siguiente, cuando regresaron a la escuela, notaron algo extraño. El barrio de Maya, que estaba construido cerca de una cañada donde la gente solía tirar basura, se había inundado. El agua y el lodo entraron a las casas, causando muchos daños. En cambio, el barrio de Leo, ubicado en una zona un poco más alta y donde los vecinos organizaban brigadas para limpiar las alcantarillas, estaba intacto.
—Fue un desastre natural muy cruel conmigo y mis vecinos —suspiró Maya, mirando al suelo con tristeza.
La maestra Abi, al escucharla, reunió a la clase.
—Maya, quiero que pienses en algo —dijo la maestra suavemente—. ¿Crees que la nube decidió inundar tu casa y saltarse a propósito la casa de Leo?
Los niños rieron un poco, imaginando a una nube con mente propia.
—¡Claro que no! Las nubes no piensan —respondió Leo.
—Exacto —continuó la maestra Abi—. La lluvia, los sismos y los vientos fuertes son fenómenos naturales. Siempre han ocurrido y son parte de la dinámica de nuestro planeta. Pero un desastre sucede cuando nosotros somos vulnerables. La vulnerabilidad es como salir a la lluvia sin paraguas y desprotegidos. Si construimos nuestras casas en lugares peligrosos, como cañadas o lechos de ríos, o si no asumimos nuestra responsabilidad comunitaria de mantener limpias las calles, un fenómeno natural se convierte en un desastre.
Maya abrió los ojos con sorpresa.
—¡Entonces el problema principal no fue el agua, sino que el cauce estaba lleno de basura y las casas estaban justo en el camino natural de la lluvia!
—Así es —asintió la maestra—. No podemos evitar que llueva o que la tierra tiemble, pero sí podemos reducir nuestra vulnerabilidad. Organizarse, cuidar el entorno y planificar bien nuestra comunidad es nuestra responsabilidad para que la calma regrese rápido después de cualquier tormenta.
Desde ese día, los alumnos de la Escuela Prof. Rafael Ramírez no solo aprendieron a no temerle a la naturaleza, sino a respetarla y prepararse. Formaron un comité para ayudar a limpiar su comunidad, entendiendo que los desastres no son del todo "naturales", sino que dependen de las decisiones que tomamos todos los días.
Responde las siguientes preguntas en tu cuaderno con tus propias palabras: